sábado, 5 de mayo de 2012

UNA LEYENDA AMBIENTADA EN TIEMPOS DE ROMA: LA PRECIOSA PASIONARIA


En el principio de los tiempos, recién creado el mundo, la primavera golpeó las tinieblas y con su luz creó todas las plantas de la Tierra, y con ello el planeta se cubrió de hermosas flores ¡como por arte de magia!

Sólo una planta no escuchó la llamada de la primavera, y cuando por fin logró romper la cubierta verde que la cubría, la primavera había pasado hacía tiempo y aquella planta ya no pudo florecer.


-Haz que pueda florecer, suspiraba, ¡Oh, Dios!, rezó.
-Tu también florecerás, dijo Dios.
-¿Cuándo?, -preguntó  con ansiedad la planta que no tenía nombre.
-Un día...
Y los ojos de Dios se ensombrecieron por la tristeza. Había pasado mucho tiempo, y la primavera también floreció aquel año, y con su toque, las plantas del Gólgota comenzaron a regalar sus flores ... Todas, a excepción de unas... El viento traía el eco de gritos bulliciosos, algarabía, gemidos,.. un hombre avanzaba entre la multitud que gritaba. El hombre se inclinó por el peso de una cruz que con dificultad transportaba  sobre su hombro. Su rostro estaba desfigurado por el dolor y la sangre. -Lloro como los hombres... pensó,  y así lo hacía porque conocía bien el doloroso plan de su muerte. En ese momento, mezclada con sangre, una lágrima cayó sobre el suelo del Gólgota, y bajo ella floreció una extraña flor. Era la pasiflora, la flor de la pasión, que exhibía los dolorosos instrumentos que infligieron la pasión a Jesús: una corona, un martillo, los clavos...

Esta es la leyenda anónima de esta hermosa flor que en el tiempo de nuestros padres ornaba muchas de las estaciones del ferrocarril, y por ello fue conocida también como la flor de los ferroviarios.  Ahora ya no está de moda en los jardines, pero de tanto en tanto encontramos alguna preciosa enredadera con esta curiosa explosión natural.


Hay quien cree que lleva la desgracia al jardín donde se cultiva por su asociación con los elementos de la pasión de Cristo, como el pilar donde lo azotaron, la corona de espinas y los tres clavos con los que le clavaron en la cruz, pero también hay quien piensa lo contrario, es decir, que da buena suerte porque esta flor es fruto del sacrificio que Jesús hizo por la humanidad. 

Otra leyenda cuenta que esta planta trepadora corresponde al sufrimiento que una doncella de Jerusalén sintió en la crucifixión de Cristo, transformándose en flor y conservando los símbolos de la pasión para que la humanidad nunca olvidase lo ocurrido. 

Pero... por mucho que se empeñen los creadores de leyendas, la cuestión es que esta planta no pudo nunca haber crecido en el Gólgota en los tiempos de Jesús de Nazaret, pues hasta donde sabemos, fue descubierta en Perú en el año 1569 por los jesuitas. 

Tanto la flor como el fruto se asocian a la pasión, pero no a la carnal, sino que más bien tiene connotaciones místicas. Dicen que fue el papa Pablo V quien a principios del siglo XVII, apoyó este nombre, ideado por los misioneros, al evocar la preciosa corona floral, la también corona de espinas de Jesús, que hay quien dice había estado hecha de ramas de azufaifo. 

Pero lo que hace verdaderamente interesante a esta flor son sus virtudes que pueden escribirse con letras mayúsculas: la pasiflora es uno de los mejores remedios contra el insomnio, provocando la deliciosa compañía de Morfeo en un sueño natural y reparador. Es sedante, antiespasmódica y analgésica. También está indicada en los estados de nerviosismo,  ansiedad, palpitaciones, migrañas y en los que padecen tensión alta de origen nervioso.

Es incompatible con el consumo de drogas y alcohol y, como muchas plantas, conviene evitar su consumo durante el embarazo y la lactancia.

Combina a la perfección con plantas como: valeriana, melisa, hipérico, lavanda, tila, manzanilla y espino albar, y se recomienda en el tratamiento de alteraciones menopáusicas.

Los indios americanos utilizaban la raíz en forma de cataplasma para aliviar quemaduras, heridas e inflamaciones.

Josep Cortés nos regaló una preciosa imagen que ahora no encuentramos, y Enrico, que siempre aporta cosas curiosas nos facilitó la leyenda. Gracias a los dos.

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